AJEDREZ

8 de julio de 2009

Para empezar, y a modo de curiosidad, esta reivindicación del ajedrez, robada de una página de Novela de Ajedrez, de Stefan Zweig (Editorial Acantilado, Colección El Acantilado, 26; –ISBN: 84-95359-15-4)  -último texto en prosa que publicó antes de suicidarse en 1942-.

Conocía desde luego, por propia experiencia, el misterioso poder de    "Stefan Zweig más allá del tiempo" atracción del “juego de reyes”, de ese juego entre los juegos, el único entre los ideados por el hombre que escapa soberanamente a cualquier tiranía del azar, y otorga los laureles de la victoria exclusivamente al espíritu, o mejor aún, a una forma muy característica de agudeza mental. ¿Pero no es ya el solo hecho de tildarlo de juego una degradación insultante? ¿No es acaso también una ciencia, un arte que gravita entre estas diferentes categorías como entre el cielo y la tierra el ataúd de Mahoma? ¿No es por azar un vínculo único entre todos los pares de contrarios; antiquísimo y sin embargo siempre nuevo; mecánico en su disposición y sin embargo eficaz tan solo por obra de la fantasía; limitado a un espacio rígidamente geométrico y a un tiempo limitado en sus combinaciones; en perpetuo desarrollo y sin embargo estéril; un pensamiento que no lleva a nada, una matemática que nada calcula, un arte sin obras, una arquitectura sin substancia, y aún así más manifiestamente perenne en su esencia y existencia que todos los libros y obras de arte, el único juego que pertenece a todos los pueblos y a todas las épocas y del que nadie sabe qué dios lo legó a la tierra para matar el hastío, aguzar los sentidos y estimular el espíritu? ¿Dónde empieza, dónde acaba? Cualquier niño puede aprender sus reglas básicas, cualquier chapucero probar con él fortuna, y sin embargo tiene la virtud de generar en el seno de su cuadrado, inmutable y estricto, una especie peculiar de campeones sin comparación con ninguna otra, hombres dotados de una habilidad especial para el ajedrez, de una genialidad específica que combina clarividencia, paciencia y técnica en proporciones tan exáctamente definidas como lo están para los matemáticos, poetas y músicos, sólo que con distinta disposición y armonía.”

 

Libro de ajedrez, dados e tablas

Libro de ajedrez, dados e tablas (1283)

 

Para entender mejor lo que significa (en mi modesta opinión) la existencia del ajedrez, piénsese en las condiciones de posibilidad de una partida de ajedrez:

La partida, como también una conversación, requiere la “suspensión” de una infinidad de obstáculos; se trata de una “batalla” que  tiene como razón de ser, justamente, el sometimiento de la confrontación a reglas propias del planteamiento más abstracto posible… incluso entre musulmanes y visigodos. Cualquier cosa  puede interrumpir esta magia.

No necesariamente para mal: Imaginemos las mencionadas “condiciones de posibilidad” en una partida como la que se reproduce a continuación, en la que el Gran Maestro argentino Héctor Rossetto tiene como espectadora nada menos que a Carmen Miranda. No todos los finales posibles  están en los libros de ajedrez.

 

In memoriam Héctor D. Rossetto ( * 1922 † 2009 )

 

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