¿Matemáticos o fontaneros?

22 de abril de 2009

180px-frans_hals_-_portret_van_renc3a9_descartes1 En este trabajo nuestro existen básicamente dos enfoques, no necesariamente contrapuestos, sobre cómo llevarlo  a cabo y cómo mejorarlo. Para simplificar, los llamaré “artesanal” y “científico” respectivamente.

Según el primero, el maestro sabe lo que tiene que hacer de una manera intuitiva, y resuelve los conflictos (de disciplina, de rendimiento, de motivación…) “sobre la marcha”, haciendo uso sobre todo de su propia experiencia. [1]

Según el segundo existirían herramientas para analizar, evaluar y mejorar nuestro trabajo, y éstas  herramientas tendrían un carácter más o menos “universal”.220px-compas-2z1

Mientras que el método artesanal, experimentado a lo largo de los siglos y corregido infinitas veces por la práctica diaria, adolece de algunos riesgos (que por conocidos no me voy a molestar en enumerar), el método “científico” presenta, por su parte, y a mi juicio, fundamentalmente estos dos:

1. Si bien algunos aspectos de la calidad de la educación son evaluables numéricamente, son pocos, y aún éstos exigen una muy cuidadosa elección de las variables a medir y de la relación  entre ellas. Me permito poner un ejemplo ilustre: el rendimiento académico (número de asignaturas aprobadas, por ejemplo) puede depender, entre otros factores perfectamente legítimos y conocidos de todos (medibles y evaluables como el número de horas de clase de la asignatura, el de alumnos por aula,  el acceso a libros y ordenadores en casa y en la escuela, etc.), de otros más aleatorios. Así,  el cambio continuo de políticas educativas (criterios de promoción, estructura de los cursos, contenido de las materias…), que desorienta a alumnos y familias, primando el cálculo de probabilidades por encima del esfuerzo y del interés por aprender y mejorar. La muy humana tendencia a estudiar y trabajar poco (sobre todo si no se entiende lo que se estudia ni se le ve sentido), unida a la incertidumbre, se traduce en una “ansiedad” que se intenta en ocasiones trasladar al maestro para que “ayude un poco” (total, qué le cuesta). Un poco como antaño (y todavía hoy) acudíamos a las ventanillas de la Administración a preguntar “cómo va lo mío”; o como, todavía hoy, vamos al médico de la Seguridad Social  “a que nos recete algo”.

2. Cualquier sistema de evaluación del rendimiento de lo que sea, tiene que cumplir, a mi juicio, dos requisitos básicos:

a. Ser claro desde un primer momento: indicar a los evaluados qué se les va a pedir, y por qué.

b. Ser susceptible de revisiones periódicas y controles para evitar abusos y errores (¿Qui evaluat evaluantes?).llave-inglesa1

Ambos exigen un esfuerzo adicional (que se suma a la tarea de enseñar, calificar e intentar mantener la disciplina), retribuido en el mejor de los casos con la esperanza de mejorar, y en el peor con la de librarnos de la carga burocrática siempre creciente.

Para no mencionar los incentivos económicos, tema éste que por su profundidad exigiría mucho más espacio. Sobre todo por sus implicaciones éticas, jurídicas y laborales (no necesariamente en este orden).

Como todo el mundo, yo también escribo este “Blog” para “expresarme”. Pero sería interesante, además, conocer las posibles respuestas a ésta “contribución”.

Muchísimas gracias       100supermario4

__________________

[1] Esta dicotomía no es nueva: véase la entrevista a Jean-Claude Michéa en “La Gazette” n°595 du 10 au 16 sept. 1999, donde dice:

“ […]Je ne connais évidemment personne qui nie la nécessité pour un enseignant d’être un bon pédagogue ! La question est de savoir si la pédagogie est une science qui produirait des lois, à la manière du physicien dans son laboratoire, – ou un art qui, comme tout art, s’apprend sur le terrain et se fonde sur des connaissances non pas expérimentales, mais empiriques .

Quiconque a enseigné, ou simplement élève des enfants, sait bien que c’est beaucoup plus une affaire d’intuition que de connaissances scientifiques.

Tout ce qu’on peut dire c’est qu’on ne peut pas être un bon “pédagogue” si on n’est pas, d’une part, passionné par ce qu’on cherche à transmettre et, de l’autre, si l’on n’est pas attaché affectivement à ceux à qui on doit transmettre ce savoir. Tour le monde sait que cela ne peut s’apprendre mathématiquement. Tout le monde sauf les pédagogues de profession.”

Pincha aquí para ver el artículo sobre Michea en la Wikipedia.

Pincha aquí para leer la entrevista completa.

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4 comentarios to “¿Matemáticos o fontaneros?”

  1. aguilarojax Says:

    Estoy totalmente de acuerdo en evaluar de manera “técnica”: la racionalidad de los criterios y su publicidad son una garantía de su aplicación justa. Desde los mismos principios se entiende desde hace tiempo la aplicación del Derecho, por ejemplo. Que la enseñanza deba impartirse de manera humanista es también bastante evidente para mí: el objetivo debería ser no obstaculizar, en primer lugar, y favorecer, si se puede, la formación integral del individuo, al mismo nivel que el acopio de conocimientos (que, como tú dices, pueden quedar obsoletos).

    Ahora bien, evaluar al alumno de una manera técnica es un derecho del propio alumno (lo anterior, o lo contrario, es la arbitrariedad del profesor, por bien fundada que estuviese). Es un recurso al que puede apelar en caso de percibir una injusticia. Aunque sean susceptibles de revisión, los parámetros por los que se le evalúa se pueden explicitar bastante: número de faltas de ortografía, exactitud de los datos, corrección sintáctica, relación con lo explicado anteriormente, resolución del problema planteado…. Parámetros que casi nadie cuestiona, sino que, por el contrario, han sido analizados hasta la saciedad y corregidos a lo largo de la Historia con pequeños cambios de rumbo…. hasta ahora.

    Por otra parte, no se está evaluando su “rendimiento” (puesto que, por definición, no es “productivo”, no trabaja), sino en general su “progreso” y en momentos puntuales su “aptitud” (para continuar los estudios, para acceder a otros…). Otra cosa muy distinta es extrapolar este enfoque a la evaluación del trabajo del profesor: para decirlo en forma de esperpento, y sin entrar en detalles, sería algo así como “ya que trabajamos en un colegio, vamos a examinarnos todos”. Imagina la misma frase dicha por algún profesional de cualquier otro gremio. Un saludo para Alejandría.

  2. Hipatia Says:

    La clasificación que haces tal vez marque la distinción entre enseñanza Humanista y enseñanza Técnica.
    Como es sabido, hoy en día la técnica es un valor en alza, todo se mide y se cuantifica con criterios que no siempre responden a la realidad.
    En cuanto a la valoración, es una garantía para el alumno de que si se produce un error es un “error técnico”. En cambio en la enseñanza humanista los errores pueden ser subjetivos.
    En cuanto a los resultados, en el primer caso el alumno adquiere conocimientos directamente aplicables, pero que suelen ser efímeros y temporales. Piénsese en los que aprendieron las primeras versiones de OFFICE de Microsoft. Lo cual no deja de ser un fraude.
    En resumen, podría considerarse que para la impartición de las materias lo adecuado sería hacerlo de forma humanista, y realizar la evaluación de una manera técnica. La combinación de ambos métodos no es el ideal, pero puede paliar los defectos de uno y otro.
    Desde Alejandría, un abrazo y un saludo para Bruxelloise

  3. Bruxelloise Says:

    Cierto es que cuando en el aula se empieza a hablar de números (puntos, medias ponderadas, asistencias y ausencias, etc) y en los claustros, de estadísticas ( aprobados, suspensos, notas medias y absenteismo), un profesor puede:

    1. echarse las manos a la cabeza reivindicando su profesión en su sentido más básico : “yo quiero enseñar”

    2. dejarse lobotomizar, olvidarse de la pedagogía/enseñanza y volverse un número más.

    • aguilarojax Says:

      Gracias, bruxelloise, por tu inestimable colaboración. Existe una tercera vía, que es nadar entre dos aguas, intentando no dejar que los números se coman todo el tiempo. Ahora bien, tengo que dejar constancia de que hasta ahora, el 100% de los comentarios han sido “inteligentes” o “muy inteligentes”.

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