Hiyab, insensatez y sentido común

La preferencia o rechazo hacia determinadas formas –de actuar, de vestir, de rezar o de cantar, pongamos por caso- suele nacer de un sentimiento estético. Detrás de éste “me gusta” o “me disgusta” suele haber una idea, imprecisa o claramente formulada, de cómo queremos que sea el comportamiento ajeno. Es decir, una apreciación ética de la cual no somos, habitualmente, conscientes.

Motivada por las circunstancias, la educación,  la época y la historia personal de cada uno, esta preferencia no tiene en sí nada de objetable. El problema surge cuando, como en este caso, se intenta imponer este criterio, subjetivo y personal, con carácter de norma y alegando supuestas “razones”.

Estamos obligados a “legislar” cuando hay un conflicto de derechos, y en esta actividad normativa –y en el debate que la precede o acompaña-, al igual que en las preferencias de carácter estrictamente personal, también hay “estilos” que revelan un trasfondo ético o ideológico.

Frente al  cúmulo de despropósitos (interesados o no) exhibidos  tanto por el público en general como por las autoridades en torno a la llamada “polémica del velo”, manifiesto lo siguiente:

1. Me gustaría enseñar en una escuela donde los signos distintivos de identidad (religiosos o no) no estuvieran prohibidos por el reglamento, salvo aquellos que directamente atentan contra la educación en general, o son manifiestamente ofensivos para un determinado colectivo. Sería una prueba visible de madurez por parte de profesores y alumnos (como lo fue en su momento la coeducación, pongo por caso).

2. Los intentos desesperados (modificación de los reglamentos internos con carácter urgente,  manifestaciones públicas de rechazo por parte de asociaciones de padres…) para impedir el uso del velo islámico en la escuela, así como la exigencia de una legislación nacional al respecto para “resolver un problema”, revelan un estilo (en el sentido definido más arriba) sórdido, tanto por el fondo (rechazo de lo diferente) como por la forma (maniobras legales, argumentos falaces, invocación del miedo a una “invasión”…).

3. La Constitución Española, afortunadamente, se redactó “tarde” (después de la Segunda Guerra Mundial), recogiendo así la preocupación por evitar que se repitieran tragedias que ahora tienen un carácter “didáctico” (el Holocausto, por ejemplo); también afortunadamente, se redactó “pronto” (antes de que el flujo migratorio invirtiera su sentido en España), y por tanto antes de que se planteara en la calle el problema de las minorías religiosas –o el de cualesquiera otras-.  En consecuencia, recoge de manera suficientemente clara la libertad religiosa y la aconfesionalidad del Estado. [1]

4. Personalmente, opino que la situación creada es un intento de discriminación hacia una determinada minoría (los musulmanes, mayoritariamente inmigrantes), consistente en la limitación del derecho a la educación. Se inicia durante una recesión económica -mucho más importante, creo,  de lo que queremos reconocer-, y responde a un patrón bien conocido:

a) Se elige un rasgo, característica o comportamiento exclusivo de un grupo para etiquetarlo como problemático.

b) Se ofrecen soluciones al problema, que, “casualmente”,  suponen en la práctica la exclusión de los miembros del grupo de un determinado ámbito (educativo, profesional, económico…).

A partir de aquí, la evolución es incierta: la invocación de sentimientos y derechos puede desembocar abiertamente en una persecución, o bien el conflicto se puede resolver con arreglo al sentido común. Esperemos que ocurra esto último.

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29.04.10 Me felicito de que el conflicto, por el momento, haya tenido una solución provisional con la aceptación de la alumna en el I.E.S. Gerardo Diego.

Para un seguimiento de las últimas noticias relacionadas con el caso en DIARIO SUR,  pincha aquí. En particular se puede leer, en el artículo de  David Valera, una perspecitva global  no demasiado alarmista,  comparando las legislaciones de los distintos países europeos.

Por curiosidad, se puede consultar el Reglamento de Régimen Interior del I.E.S. Gerardo Diego, donde, con arreglo a lo que creo que es el sentido común, se recogen derechos constitucionales de los alumnos, tales como la protección contra todo tipo de discriminación, y donde la única referencia a la forma de vestir es de carácter general, y se refiere a “presentar un aspecto adecuado a las actividades a realizar” (Art. 52).  ¿Por qué destaco esto? Porque significa que no existe prohibición expresa de ninguna prenda, y porque se confía en el buen criterio del profesor a la hora de determinar quién y por qué, en su caso, obstaculiza (con su comportamiento, vestimenta o cualquier otra circunstancia) el normal desarrollo de la actividad docente.  Y siempres con los Derechos Fundamentales como límite (por si acaso). No es “la solución definitiva”, precisamente, porque se tendrán que ir buscando soluciones “razonables” a este y otros conflictos, algunos de los cuales no podemos imaginar aún.

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[1] Carta al Director de El País, de Mariano Bacigalupo, Profesor de Derecho Administrativo en la UNED. (27/04/10)

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ÚLTIMOS COMENTARIOS Y RÉPLICAS PARA BRUXELLOISE:

Bruxelloise dice (24/04/10, 12:45 a.m.):

Personalmente creo que, en cuestiones de estética, el pañuelo de la mujer musulmana es mucho más “favorecedor” que la gorrita de muchos niñatos macarras… y en lo que se refiere a la ética, me imagino que el macarra puede generar más conflictos en un aula que la musulmana.

Moraleja: el problema no está en el continente sino en el contenido de las cabezas de aquellos que le dan importancia a lo irrelevante y son incapaces de solucionar lo importante: el desafío de un aula multicultural ( y no pluricultural como les gustaría a muchos).

Aguilarojax dice (29/04/10, 7:06 p.m.):

Totalmente de acuerdo. Solamente una pregunta: ¿cuál es, a fecha de hoy, la diferencia entre “multicultural” y “pluricultural”?

Bruxelloise dice (04/05/10, 5:41 p.m.):

Pues yo entiendo una sociedad multicultural la que tiene en cuenta todas las culturas que en ella conviven tratando de integrarlas.
La sociedad pluricultural es la que, aun teniendo varias culturas (autoctonas o no) , en realidad, no establece ningun vinculo entre ellas, formandose grupos aislados ( o guetos, aunque este ultimo tenga una acepcion mas negativa).

Aguilarojax dice (04/05/10, 7:16 p.m.):

Me parece muy apropiada la distinción; si la he entendido bien, se corresponde con esta respuesta que he encontrado en “Yahoo-answers”:
http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20080529191855AAj3Xoa

En mis clases de “Introducción a la Filosofía” (o, como se llama ahora, “Filosofía y Ciudadanía”, justamente), se establece la contraposición entre dos actitudes opuestas: etnocentrismo -”hay UNA cultura superior, la nuestra, que defiende los Derechos Humanos, etc”- y relativismo cultural -”TODAS las culturas, vale decir costumbres, leyes, tradiciones…, tienen su valor en su propio ámbito, y NO SE PUEDEN COMPARAR, ni siquiera desde el punto de vista moral”-. Ahora me doy cuenta de que esta contraposición -de la que el abnegado autor del libro dice que representa posiciones extremas, y que hay que buscar el término medio- esta hecha desde el supuesto de que los alumnos viven en una cultura uniforme.

Pero, puesto que eso no es así, hay que elegir: mi punto de vista es uno de los más complicados, y se podría definir a partir de las siguientes “premisas”:

– Hay una determinada actitud general ante la idea misma del Derecho, propia de la cultura “occidental”, que es, en mi opinión, superior a otras (incluída una parte de la propia cultura “occidental”, y la propia historia de ésta). Es la que está en el origen de los Derechos Humanos, la separación de poderes, la presunción de inocencia, la “carga de la prueba”, etc.

– La “integración” en una sociedad pasa por la aceptación, tácita o expresa, de algunos de los principios fundamentales que la rigen. En este sentido hay muchos aspectos, llamativos si se quiere, de las distintas culturas, que pueden facilitar o dificultar la convivencia, pero que no solamente no pertenecen al “fondo del asunto”, sino que en algunos casos son un tema estrictamente personal: las opiniones, los gustos, las apariencias…

– La religión y la forma de vestir pertenecen (salvo las inevitables excepciones: las sectas satánicas, el “burka”…) a este último terreno, privado y personal, que sólo puede “molestar” en el plano estético, a lo sumo. También puede ocurrir lo mismo, dicho sea de paso, con manifestaciones de “nuestra” cultura: los toros, el ruido, el botellón, las bodas, bautizos y comuniones que nos inundan, el “tunning”… De lo cual se desprende, también, que los sujetos de derechos somos, en primer lugar, los individuos, y no los grupos o “las culturas”.

– La integración en una sociedad (si es ese el objetivo, para evitar “guetos”, y al menos alcanzando un mínimo indispensable), como la educación, es un proceso gradual, y en gran parte invisible.

CONCLUSIÓN: Salvo casos de flagrante delito, o de sospecha del mismo, la limitación o prohibición de manifestaciones culturales o religiosas debe reducirse a un mínimo indispensable para asegurar la convivencia; mientras tanto, el trabajo de integración debe ser una labor positiva, no represiva. Sólo así podrá tener efecto a medio plazo.

Bruxelloise dice (05/05/10, 01:09 a.m.):

Bueno, yo también aterricé en el mismo yahoo answers y no me quedaba muy claro… algunos dicen que son sinonimos y todo.

En realidad, pluricultural no aparece en la RAE siquiera. Pero ‘yo a mi me parece’ que efectivamente tiene que ver con la convivencia integradora  y la simple coexistencia sin roce ni aceptacion por ninguno de los dos lados.

De todas maneras, la madre del cordero es hasta qué punto un aspecto de otra cultura atañe a los Dchos. Humanos o no…

Hace unos dias comparabamos la poligamia y la ablacion … para mi son temas completamente distintos: el primero de derecho civil y el segundo de derechos basicos de cualquier individuo… quizas es una perpectiva occidental inconsciente?

Y POR FIN LA ÚLTIMA RESPUESTA (HASTA EL MOMENTO):

Aguilarojax dice (05/05/10, 7:07 p.m.):

Los términos concretos son irrelevantes,  además ese (el de la discusión terminológica) es uno de los caminos que llevan a la imposibilidad de toda comunicación eficaz. El grado deseable de integración no está escrito de antemano en ninguna parte: cualquier término medio entre la “invasión” y el “gueto” es aceptable. Sobre todo si tenemos en cuenta que toda situación evoluciona continuamente.

En cuanto a los principios generales y su aplicación: los principios morales de la cultura “occidental”, desde Kant, son “abstractos”, es decir, casi nunca nos ordenan o prohíben directamente alguna cosa (el aborto, el divorcio, los anticonceptivos), salvo que se pongan en juego derechos fundamentales (muy pocos, pero muy importantes): la vida, la integridad física y moral, la libertad de opinión, etc.

Esto significa que hay una diferencia significativa entre lo que “nos puede molestar”, porque se desvía de “la norma”, pero es un asunto estrictamente privado y de acuerdo entre personas, supuestamente libres (la poligamia, el matrimonio homosexual, el voto de castidad…), y lo que nos parece inaceptable (la ablación , el burka, la lapidación por adulterio) porque, directamente, consituye una infracción del código penal que, bajo ningún concepto, se puede justificar “culturalmente”.

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4 comentarios to “Hiyab, insensatez y sentido común”

  1. Anacreonte Says:

    No veo que hayas colgado nada sobre “La educación en la II República como prometiste.
    Un saludo

    • aguilarojax Says:

      Se agradece el recordatorio. La verdad es que tengo el libro en la mesa de noche desde hace un mes (con subrayados y anotaciones “ad hoc”), y hasta ahora no he tenido tiempo de publicar ni siquiera un pequeño adelanto. Prometo hacerlo en breve.
      Saludos.

  2. aguilarojax Says:

    Anacreonte: he editado todos los comentarios de Bruxelloise y mis réplicas (incluída la última, que es nueva), y los he incluido como parte del texto de la página. Mi respuesta a este comentario tuyo se ha perdido, pero era más o menos así:

    La búsqueda de ese “término medio” es difícil; por eso mismo, creo que no caben soluciones globales (como la francesa) másque en el aspecto que atañe directamente a derechos fundamentales: el derecho a la educación, en este caso, que debe prevalecer.

    Esto desde el punto de vista “objetivo”. Desde el punto de vista “subjetivo”, y haciendo paralelismos históricos no sé si justificados o no, creo que este tema está sirviendo, primero, de cortina de humo para la crisis -por parte del Gobierno-, segundo, de excusa para discriminar a una minoría -afortunadamente, no creo que esta posición sea mayoritaria: la gente está hasta los huevos de chorradas, y tiene mucho sentido común-, y en tercer lugar, como un ataque más contra el modelo educativo “progresista”, en la misma línea que el boicot a Educación para la Ciudadanía, o los “estudios” que avalan la excelencia de la educación separada para chicos y chicas (sobre esto último, y más paralelismos, véase mi próxima página sobre “Educación en la Segunda República”).
    Un fuerte abrazo.

  3. Anacreonte Says:

    Estoy de acuerdo con tu exposición. Encuentro bien planteado el problema.
    En cuanto a las soluciones me parecen complejas. Lo ideal sería que cada uno pudiera mostrar sus creencias en público siempre que eso no genere conflictos, pero ese ideal es difícil de conseguir. La solución francesa es la contraria: que la escuela sea totalmente laica y los alumnos y profesores se despojen de toda creencia religiosa dentro del aula.
    Entre las dos posturas extremas el término medio me parece imposible: ¿por qué el velo sí y el rosario al cuello no? ¿por qué la insignia de la cofradía sí y la cruz gamada no?
    Es complicado.
    Te sugiero que pongas un vínculo a la carta del profesor Mariano Bacigalupo que mencionas, para tener completa la información.
    Un saludo

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