EXTRACTOS

En esta sección, llamaremos la atención del inteligente lector sobre frases, anécdotas, fragmentos de capítulos o relatos  que, además de tener valor en sí mismas, pueden incitar a leer u hojear el texto completo.

8 de agosto de 2011

Extracto del capítulo “CALLES Y CASAS”, DEL  Manual del distraído, de  Alejandro Rossi (Florencia, 1932, México, D.F., 2009). En palabras de Octavio Paz, «Entre nuestra perplejidad y la obstinada realidad de este mundo, que sólo es y nunca nos dice qué es,  la distracción ha tendido un puente: la prosa de Rossi.»

No soy un obrero, no soy un burócrata y tampoco soy un millonario. Sin embargo existo y si me gustaran las clasificaciones pías y vagamente hipócritas diría que soy un «trabajador intelectual».   Renuncio a ese consuelo y declaro la verdad: soy un profesor de filosofía. No habito, por consiguiente, en un barrio proletario, desconozco la falta de agua y de luz, no he padecido la ausencia de drenaje, no camino entre charcos y no estoy obligado a compartir mi dormitorio con otras seis personas. Por la misma razón carezco de jardines propios, piscina, cancha de tenis, invernaderos, estatuas, solárium, patios coloniales y corredores húmedos para contemplar, desde una mecedora, la lluvia que cae. Vivo en un departamento mediano –por el tamaño, por sus estímulos estéticos y por sus comodidades. Sus máximas virtudes son los techos altos, los pisos de madera y la blancura de las paredes. Los muros, claro está, podrían ser más gruesos y así me evitarían oír ruidos íntimos e innecesarios: los desahogos de mi vecino, sus carcajadas, sus pesadillas, sus locutores preferidos. El departamento mira hacia la calle a través de vidrios que van desde el techo hasta el suelo. Sería espléndido que mientras como me dejaran ver un bosque de pinos, un lago o siquiera un prado. No me interesan tanto si lo único que permiten es observar sábanas, toallas y antenas de televisión. Me comunican con el exterior, es cierto, y esa es la razón por la cual las mesas y las sillas vibran cada vez que pasa un avión. Si abro esos ventanales, entra un viento terroso, el rumor de los motores y el monóxido de carbono.  Quizá el constructor de este edificio soñaba una ciudad diferente. Tal vez pensó que las reservas de petróleo se agotarían pronto y los motores serían eléctricos; es probable que también creyera en la ventaja de los transportes públicos y estoy seguro de que nunca previó el desarrollo de la aeronáutica comercial. La motocicleta sin duda le parecía un animal prehistórico, al borde de la extinción, una pieza en los museos tecnológicos.  Sospecho en él alguna teoría sobre la disminución progresiva de la energía solar: dentro de muy poco los vidrios permitirían recibir, después del mediodía, una luz dorada y suave, ya no sudaremos, ya no habrá que arrancarse la corbata y la camisa, las tapas de mis libros no se torcerán. No vivo mal, no me lamento, simpatizo con las visiones utópicas de ese arquitecto, pero concluyo que mi casa exige una ciudad distinta.

[A.Rossi, Manual del distraído; Barcelona, Anagrama, 1997.

ISBN 84-339-1058-2]

8 de julio de 2011

Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres, de Diógenes Laercio, es un curioso compendio, exhaustivo pero poco sistemático, de todo lo que, en el siglo III, se podía considerar como  “filosofía antigua”.

 Centrado tanto o más en lo anecdótico que en lo teórico (valga como ejemplo su atención obsesiva por las homonimias), e interesante para conocer a aquellos pensadores que, como los filósofos cínicos, hicieron coincidir su modo de vida con su filosofía.

El texto completo que se puede consultar (on-line y gratis) en el Instituto Cervantes (facsímil) y también en Torredebabel, es el traducido al castellano por D. José Ortiz y Sanz, y publicado por Luis Navarro en Madrid en 1887.

El  que manejamos para los extractos es la traducción de Carlos García Gual, publicada por Alianza en 2007, mucho más ajustada al castellano contemporáneo (pero aquejada de copyright).

EXTRACTOS DE “VIDAS…”:

Aristipo (c. 433-350 a.C.)

“Aristipo era de Cirene por su familia, y vino a Atenas, según cuenta Esquines, atraído por la fama de Sócrates […] Era hábil para adaptarse al lugar, a la ocasión y a la persona, y en cualquier circunstancia recitaba su papel convenientemente […] Pasaba una vez él por donde Diógenes lavaba sus verduras, y éste se burló de él diciéndole «Si hubieras aprendido a mantenerte con esto, no servirías en las cortes de los tiranos». Contestó él: «Y tú, si supieras tratar con las personas, no estarías lavando verduras.»

“Al que le reprochaba el mucho gasto en la refinada comida, le dijo: « ¿Tú no te habrías comprado esto por tres óbolos?». Y al admitirlo el otro, replicó: «Por tanto, ahora no es que yo sea amante del placer, sino que tú eres un amante del dinero».

Platón (427-347 a.C.)

[SUS RELACIONES CON EL TIRANO DE SIRACUSA] “Con esto se enfureció el tirano y en un principio se dispuso a asesinarlo. Luego no lo hizo, disuadido por Dión y Aristómenes, pero lo entregó al lacedemonio Pólide, que había llegado en una embajada, para que lo vendiera como esclavo.”

“Éste lo condujo a Egina y lo puso a la venta. Pero entonces Carmandro, hijo de Carmándrides, decretó contra él la pena de muerte según la ley que se había decretado en el país de que el primer ateniense que desembarcara en la isla fuera ajusticiado sin juicio. […] Pero al comentar uno, si bien por bromas, que era un filósofo el que había desembarcado, lo indultaron.”

Diógenes (404-323 a.C.), llamado “el cínico”.

[HIJO Y CÓMPLICE DE UN FALSIFICADOR DE MONEDA, HUYÓ A ATENAS, DONDE LE OCURRIÓ LO SIGUIENTE] “Al llegar a Atenas entró en contacto con Antístenes. Aunque éste trató de rechazarlo porque no admitía a nadie en su compañía, le obligó a admitirlo por su perseverancia. Así una vez que levantaba contra él su bastón, Diógenes le ofreció su cabeza y le dijo: « ¡Pega! No encontrarás un palo tan duro que me aparte de ti mientras yo crea que dices algo importante».

“Viendo una vez en Mégara a los rebaños protegidos con pieles, mientras los niños iban desnudos, comentó: «Es mejor ser el cordero que el hijo de un megarense». A uno que le golpeó con un madero y luego le dijo « ¡Cuidado!», le respondió: « ¿Es que vas a atizarme de nuevo?»

PARA SABER MÁS SOBRE FILOSOFÍA GRIEGA…

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