PSICOLOGÍA Y FILOSOFÍA III

LA VIDA: INSTRUCCIONES DE USO

Aprovechando el título de un reciente curso de verano (y de una novela de Georges Perec), cierro esta serie completando, con un objetivo más claramente práctico, la relación entre filosofía y psicología.

El enlace entre el conocimiento del mundo por un lado, y nuestra forma de reaccionar por el otro, tiene momentos privilegiados en la historia de ambas.

En filosofía, el período helenístico (los tres siglos inmediatamente anteriores a nuestra era, contados tradicionalmente a partir de la muerte de Aristóteles) se caracteriza, precisamente, porque el interés de los filósofos se centra sobre todo en la vida individual.

El estudio de la naturaleza, que hasta entonces ha prevalecido, pasa a ser una mera “ayuda”: comprender el funcionamiento de las cosas sirve en la medida en que nos ayuda a “vivir mejor”.

Termina así el período de los grandes “sistemas”: Platón y Aristóteles pretendían una  comprensión conjunta y sistemática de la Naturaleza, el individuo y la sociedad, con aspiraciones políticas: Platón escribe su República como descripción de un gobierno ideal, y Aristóteles (llamado por los medievales, tanto cristianos como musulmanes, simplemente “El Filósofo”), desde un punto de vista más “realista”, recoge y sistematiza las Constituciones de los estados que conoce, e intenta influir en la política , en la medida de sus posibilidades, a través de la educación de Alejandro Magno.[1]

La muerte de este último y la caída de su imperio hacen a los filósofos desinteresarse de la vida pública, de la cual más bien huyen a partir de ese momento, o pretenden huir. A partir de este momento, el centro de su atención será la ética, o estudio de las condiciones de posibilidad de la felicidad individual.

De todas las escuelas que florecen en este período, el CINISMO, el EPICUREÍSMO y el ESTOICISMO son las  más originales y “prácticas:” Los cínicos (etimológicamente, “aperreados”), reivindican la total independencia frente a la vida social. Las numerosas  anécdotas que se cuentan sobre Diógenes de Sínope ilustran este punto de vista. El epicureísmo (una doctrina considerada tradicionalmente como poco compasiva, e irrealizable a largo plazo) preconiza la imperturbabilidad o “ataraxia”, a través de la administración inteligente del placer y el dolor.

Diógenes, por Waterhouse (óleo sobre lienzo)

Es el estoicismo el que revela más conocimiento del mundo y del ser humano: se interesa por la Física lo justo para dar por sentado un principio de  inevitabilidad de lo que es necesario[2]. A partir de ahí,  se centra en intentar enseñarnos a aceptar lo inevitable.[3] Con una exigencia y una dureza que hacen honor al significado popular del término “estoico”, esta escuela nos dice que el mal no procede de los hechos, sino de la interpretación que hagamos de ellos, y de nuestra reacción.

Algunas de las últimas tendencias en psicología coinciden (y lo reconocen explícitamente) con las principales ideas de la filosofía estoica. En particular, en estos tres aspectos: el control de nuestra forma de pensar, la aceptación del mundo y el origen del malestar  psicológico.

En cuanto a nuestra forma de pensar y sus consecuencias: Donde Marco Aurelio dice, por ejemplo, “[…] es preciso no sólo suprimir las acciones innecesarias, sino también las ideas, pues las acciones a las que arrastran no se seguirán […]”, la Terapia Racional Emotiva nos muestra un esquema del comportamiento. En éste, entre el estímulo (acontecimiento) y la respuesta (conducta), media una serie de ideas, o “concepción del mundo”, que puede no ser racional[4]. Lo que este emperador metido a filósofo llama “idea innecesaria”, tendría su origen (según la psicología) en una distorsión cognitiva, un “estilo” de entender el mundo más o menos inadecuado.

Como no se trata de poner en cuestión todas nuestras creencias, este enfoque terapéutico no profundiza, inicialmente, en el origen de estas distorsiones (como sí lo hace el psicoanálisis, por ejemplo), sino que nos proporciona los medios para contrastarlas con la realidad (y con nuestros  intereses), dándonos al mismo tiempo las técnicas indispensables (de relajación, etc) para que el propio ejercicio de reflexión sea, al menos,  posible.

No es cuestión, o no principalmente, de cambiar ideas concretas, sino de agrupar y cuestionar pensamientos con un “estilo” común: en la frase “todos los bolcheviques son estúpidos”, lo importante no es ahora la palabra “bolcheviques”, sino el uso de la palabra “todos”. En la frase “nunca aprenderé a nadar”, el “nunca” no es solamente perjudicial por derrotista, sino porque da por supuesta una serie infinita de acontecimientos que es imposible predecir. La costumbre de aplicar etiquetas absolutas, caracteriza un estilo de pensamiento,  erróneo no por la lógica (o falta de ella) que pueda contener, sino por el sufrimiento que ocasiona.

Aceptar lo inevitable forma parte tanto de la filosofía estoica como de cualquier terapia. Experimentamos resistencia cuando se nos dice que “aceptemos” tal o cual situación que juzgamos intolerable, lo mismo que cuando se nos pide que “nos relajemos” («si pudiera relajarme no estaría aquí», y así sucesivamente). Es tarea personal de cada uno encontrar la forma concreta de aceptar lo que considera inevitable y luchar contra lo evitable (por encima, o antes, de consideraciones morales o filosóficas).

Todas las destrezas que la mayoría de nosotros hemos adquirido, y demostrado con creces, en otros terrenos, pueden y deben ser puestas en práctica con este objetivo, a fin de, como mínimo, vivir “aceptablemente”.

La literatura, la filosofía (o la construcción de barquitos de papel dentro de botellas, para el caso es lo mismo; pero filosofía y psicología presentan algunas ventajas),  y el (cariñoso aunque a veces mal dirigido) esfuerzo de los que nos rodean, serán otras tantas ayudas.

____________________________________________

[1] W. Jaeger, Aristóteles: bases para la historia de su desarrollo intelectual. México, FCE, 1946. (Segunda reimpresión española, 1984: ISBN 84-375-0237-3).

[2] No se limitaron, sin embargo, a enunciar esta noción de necesidad física. La de necesidad lógica que le corresponde los lleva a hacer algunas contribuciones importantes a la lógica formal: la idea de lógica proposicional –centrada en la forma, y no en el contenido-, la distinción entre significado, referencia y significante, entre otras.

[3] El estoicismo tiene gran predicamento entre la clase dirigente del Imperio Romano. Esto es paradójico sólo en apariencia: el relativo “conformismo de la razón” no es incompatible –más bien al contrario- con el “optimismo de la voluntad” que hace posibles –y necesarias, moralmente hablando- las campañas “civilizadoras” emprendidas, por ejemplo, por el emperador Marco Aurelio. Sus escritos nos proporcionan, al mismo tiempo, el pensamiento estoico presentado con un estilo literario a la vez grandilocuente e íntimo. En él se inspiró, directamente, Margueritte Yourcenar al escribir sus “Memorias de Adriano”. Son mejores las “Meditaciones” de Marco Aurelio (Alianza Editorial).

[4] Para evitar discusiones, podemos definir “racional” como “de acuerdo con los hechos” y “no perjudicial para nosotros mismos”. El loco que se cree granito de maíz es irracional, no sólo porque su creencia es manifiestamente falsa, sino porque le hace temer a las gallinas.

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4 comentarios to “PSICOLOGÍA Y FILOSOFÍA III”

  1. Anacreonte Says:

    Yo sí lo he encontrado. Está aquí:
    http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=14922&sec=31
    La coincidencia está en el título, pero no tanto en el contenido que trata sobre el uso del yo en la literatura.
    Un saludo

    • aguilarojax Says:

      Efectivamente, no tiene nada que ver con el contenido del Curso de Verano. Pero es interesante lo de la biografía como género, y su relación con la identidad personal. Hay autobiografías que son esclarecedoras, y también entretenidas, como la de Benjamin Franklin, o la de Bertrand Russell.

      Desde la filosofía, la identidad (que he eludido en las páginas anteriores) es una tensión entre esencia y existencia, entre lo que heredamos (como individuo y como especie) y lo que “construimos”.

      Los existencialistas se inclinan por esto último: somos lo que hacemos. Más que nada porque, para que la identidad fuera definible en sentido estricto, tendríamos que responder antes a la pregunta ¿qué es el ser humano?

      Sin embargo, lo que nos rodea, incluidos los detalles aparentemente sin importancia, forma parte de nosotros: Primo Levi cuenta que, en Auschwitz, a veces echaba de menos la ayuda que, para “recordarse a sí mismo quién era”, le habían prestado siempre los objetos de la vida cotidiana, que obviamente le habían sido arrebatados al llegar.

      En otro sentido, sin filosofías, cada uno sabe muy bien quién es, o le conviene aprenderlo lo antes posible. Y sin embargo, es un reto: en el santuario de Apolo en Delfos, el peregrino que llegaba a preguntar algo sobre el futuro, se encontraba la frase “Conócete a ti mismo” escrita en el frontispicio. Más de uno, como en el chiste del adivino que pregunta “¿quién es?” cuando llaman a la puerta, se habrá vuelto a su casa al leer esto. Y tendría razón.

      Como parodia de la gloria y la fama, el artículo de Manuel Vicent “Rey del lavabo”, en El País de ayer:

      http://www.elpais.com/articulo/ultima/Rey/lavabo/elpepiult/20100718elpepiult_1/Tes

  2. Anacreonte Says:

    Muy interesante esta 3a parte de las relaciones entre la Filosofía y la Psicología que se acerca a una filosofía personal o manual de uso práctico para la vida.
    El sábado me sorprendió encontrar un artículo sobre el tema en el ABC Cultural, no sé si lo has leído, tuitulado algo así como “La vida, manual de uso”.
    Es interesante la postura estoica pero te lleva a un segundo dilema: ¿Qué es lo inevitable o cómo reconocerlo?
    Casi prefiero a los epicúreos que se proponen distinguir entre el placer y lo dañino para acomodar su comportamiento a lo que les es satisfactorio.
    Un saludo

    • aguilarojax Says:

      Para responder adecuadamente, he escrito un capítulo más de “PSICOLOGÍA Y FILOSOFÍA”.

      No he podido encontrar el artículo del ABC en Internet (la hemeroteca del ABC no incluye los últimos 15 días, y en Google no sale nada). A lo mejor era interesante. En cualquier caso, es un tema que está de moda. Mi hipótesis es que la extensión de un nivel de vida “aceptable” para la mayoría, junto con un cierto “hedonismo institucional” ha provocado en la mayoría de la gente preguntas filosóficas, no muy profundas, del tipo ¿soy feliz?, y de ahí en adelante. Si sirven para recuperar a los filósofos griegos, bienvenidas sean.

      Un fuerte abrazo.

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