NOSTALGIA DE ALEJANDRÍA

La Biblioteca Real de Alejandría o Antigua Biblioteca de Alejandría, fue en su época la más grande del mundo. Situada en la ciudad egipcia de Alejandría, se cree que fue creada a comienzos del siglo III a. C. por Ptolomeo I Sóter y que llegó a albergar hasta 700.000 volúmenes.

Su historia se puede consultar en la Red  ( Wikipedia, por ejemplo). Lo que ahora me interesa es reflexionar sobre una anécdota:

Omar (`Umar ibn al-Khattāb, عمر بن الخطاب), segundo califa del Islam, fue el auténtico creador del Estado Islámico. Extendió sus dominios por el Norte de África, incluyendo Egipto. Instituyó el calendario musulmán (Hégira), y fue el primero en ostentar el título de Príncipe de los Creyentes. Mandó construir la Cúpula de la Roca, en Jerusalén.

De él se cuenta lo siguiente: al tomar Alejandría en 642 d.C., decidió destruir (una vez más) la Biblioteca; según la tradición, lo hizo  basado en el argumento de que “Si los libros aquí guardados repiten lo que está escrito en el Corán, son superfluos; si lo  contradicen, son blasfemos o heréticos”.

La contraposición entre un libro (“El Libro”) y todos los demás encierra no pocas paradojas. En la más evidente  (la que opone un libro “revelado” a todos los redactados por el hombre, y por tanto la Fé a la razón) no entraremos,  por haber sido materia de discusión desde el principio de los tiempos.

En el caso de Omar, sin embargo, hay dos situaciones que merecen ser destacadas:

“ (…) los musulmanes piensan que el Corán es anterior a la Creación, a la lengua árabe; es uno de los atributos de Dios, no una obra de Dios; es como su misericordia o su justicia. En el Corán se habla en forma asaz misteriosa de la madre del libro: un ejemplar del Corán escrito en el cielo (…).” [3]

Es decir, creen que existe una Idea platónica del Corán, como Platón creía que existía una Idea de Bien, de Justicia, de Belleza… , anteriores e independientes del bien, la justicia y la belleza que podamos encontrar en este mundo. Obviamente, uno de los lugares en que se conservaron las obras de Platón es la Biblioteca de Alejandría, quemada mucho más tarde basándose en una “idea” suya.

Por otra parte, la forma del razonamiento empleado por Omar no era nueva: El Silogismo Disyuntivo (que así se llama) había sido establecido como ley lógica por los estoicos en el siglo III a.C., por lo que sus libros  muy probablemente estuvieran en la Biblioteca, que ardió como conclusión del silogismo.

De todos los recursos disponibles en la Red, intentando emular a Zenódoto de Éfeso (primer director de la Biblioteca y autor del primer Catálogo), y atendiendo sobre todo a criterios de gratuidad, amplitud de las colecciones y facilidad de lectura, he seleccionado estos:

EN INGLÉS:

The British Library – Virtual Books

Early Manuscripts at Oxford Library

Library of Hardvard (Boston, Mass.)

The Indiana University Digital Library Program (Bloomington, IN)

New York Public Library

The Gutenberg Project

 

EN CASTELLANO:

El buscón, metabuscador de la Biblioteca Nacional de España

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Biblioteca Virtual de Literatura

Biblioteca virtual del Patrimonio Bibliográfico

Biblioteca Digital Mexicana

Biblioteca Nacional del Patrimonio Iberoamericano

Notas:

1. Para una lista completa de las bibliotecas accesibles desde esta web, véase el margen derecho de esta página, bajo la rúbrica “Bibliotecas”.

2. Como experimento que son, las bibliotecas virtuales no permiten, por lo general, una exploración sistemática de sus fondos, ni tienen todas la misma forma de acceso. Por eso, las que figuran aquí no están incluídas, al mismo tiempo, en los enlaces de “CONSULTA Y REFERENCIA”.

3. Hay dos traducciones para el texto de Séneca que figura en la página principal: La de Juan Mariné Isidro, cuya última edición es la de Gredos (Diálogos, 2005, ISBN 978-84-249-2261-0), y la de Carmen Cordoñer, editado por última vez por Tecnos (Diálogos, 2008, ISBN 978-84-309-4369-2).

4. La cita proviene de una conferencia pronunciada por Jorge Luis Borges en la Universidad de Belgrano el 24 de mayo de 1978, publicada al año siguiente en el libro Borges oral (Alianza, 1998, ISBN 84-206-3344-5).


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