PSICOLOGÍA Y FILOSOFÍA IV

EPÍLOGO (DE MOMENTO): “¿QUÉ ES LO INEVITABLE?”

Lo importante (a mi juicio) es que la pregunta filosófica, en este caso, aboca a una “respuesta” psicológica:

Epicureismo y estoicismo no se diferencian tanto entre sí: ambos enseñan a usar la razón para llevar una vida feliz. En eso son completamente modernos: para los filósofos griegos la “recompensa” del “buen comportamiento” debe estar aquí (aunque no necesariamente “ahora”). No se trata de una recompensa material, sino de un sentimiento de bienestar con uno mismo (ya Aristóteles había puesto el conocimiento y otros placeres “específicamente humanos”  por encima del placer sensual).

La diferencia, si la queremos buscar, es más bien de “tono”: el epicureísmo, más ingenuo o más optimista, se preocupa ante todo de eliminar el miedo (a los dioses, al dolor, al fracaso y a la muerte). Su presupuesto es que, una vez eliminados los miedos (creen poder demostrar, convincentemente, que éstos son irracionales), nuestros únicos problemas serán los derivados de elegir mal.

El estoicismo, mucho más profundo, y más pesimista, no pretende liberarnos de ningún miedo (ese trabajo lo tiene que hacer cada uno por sí mismo). Plantea, en primer lugar,  la existencia misma de lo inevitable como tal: el universo está gobernado por la razón (el clásico logos), es decir, por el principio de causalidad; todo ocurre necesariamente como consecuencia de algo. Sin negar la libertad humana (si no, ¿para qué la ética?), los estoicos utilizan este principio de causalidad con dos propósitos, fundamentalmente:

1. Promover la resignación ante lo inevitable. Si todo en el Universo se mueve de acuerdo con una ley, lo que ocurra a un individuo particular no tiene tanta importancia. Pobre consuelo (“mal de muchos…”).

2. Priorizar, en nuestro comportamiento, la razón sobre las pasiones: la primera participa del “logos” universal, y por tanto no puede oponerse a él (si no tuviéramos emociones, todo nos parecería lógico una vez hubiéramos entendido la causa: la primavera, pongamos por caso, pero también, y al mismo nivel,  la guerra de Troya). Las pasiones, por tanto, son las que en ocasiones nos hacen rechazar los acontecimientos adversos, y este rechazo sería la única fuente verdadera de sufrimiento.[1]

Lo inevitable, hasta aquí, podemos decir que es todo lo que no depende directamente de mí. Aceptar “como viene” todo lo que no controlamos sería la lección más importante de los estoicos. Entronca a su vez con la ética trágica y la mentalidad griega: la dignidad consistiría en luchar contra la adversidad sabiendo que, al final, ésta es invencible.

¿Para qué la psicología, entonces? Ni siquiera la  filosofía estoica  presenta estas ideas con la sequedad con la que yo lo he hecho en el párrafo anterior.  Pretende “enseñar” a vivir, dándose cuenta de que es difícil asumir enteramente sus planteamientos, y ponerlos en práctica.

La psicología moderna en general, y en particular la Terapia Racional Emotiva, y la Terapia Cognitivo-Conductual, hacen esto mismo, con dos variaciones:

– en primer lugar, pretenden cambiar nuestro comportamiento “erróneo” de manera sistemática, y atendiendo a sus causas, que suponen vinculadas con creencias erróneas (o no necesariamente verdaderas) que se han convertido en hábitos para nosotros[2]

– en segundo lugar (y aquí está el punto de vista moderno, ilustrado, optimista), pretende no solamente que nuestra actitud debe conformarse a los hechos (como los estoicos), sino que también puede modificarlos: para peor[3] o para mejor.

¿Qué es lo inevitable, pues?

Todo quello que no podemos cambiar es lo inevitable, pero…:

– Las cosas que ocurren una vez no tienen por qué ocurrir siempre.

– Todo aquello que nos pasa por la cabeza (todas nuestras ideas y sentimientos) es susceptible de cambio, con más o menos esfuerzo y tiempo.

– Las fuentes de dolor (salvando, obviamente, determinados acontecimientos puntuales) son, en general, más internas que externas.

– Nuestra actitud influye, a veces decisivamente, en los propios acontecimientos (y no sólo en nuestra forma de verlos).

– Lo verdaderamente inevitable está compuesto de muy pocas cosas.

Algunas precisiones:

El grado de sufrimiento de cada persona sólo lo conoce ella misma, así como lo que esté dispuesta a hacer para disminuirlo. En este sentido, los consejos deben darse sólo cuando se piden (y a veces ni eso). Esto también vale para la opción entre epicureísmo y estoicismo.

Con carácter general, sin embargo, cualquier cosa que nos ayude a tomar distancia, a diferir las reacciones, o al menos a no reaccionar de manera inmediata ante los acontecimientos, es buena. No es lo único necesario, ni lo más adecuado siempre, pero es una herramienta útil, un “mientras tanto”. A partir de ahí, cualquier otra cosa se puede hacer, pensar o decir, si nos sirve para algo.

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[1] EJEMPLO: no solo las “grandes pasiones”, amor, odio, envidia… La impaciencia, por ejemplo, sería la costumbre de no aceptar la espera de un acontecimiento, bueno o malo. Una “pasión” o “rasgo de carácter” bastante estúpido e inofensivo a primera vista, pero que puede amargarnos bastante la vida.

[2] EJEMPLO SIMPLE:  La “distorsión cognitiva” del tímido que piensa “todo el mundo me mira”.

[3] Por ejemplo, el tímido de antes, que se pone a mirar a todo el mundo, y entonces sí,  todo el mundo le mira y el que puede se cachondea.

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