PSICOLOGÍA Y FILOSOFÍA I

¿Para qué sirve la filosofía?

PARTE I: CUERPO Y ALMA

1. La ciencia, entendida como estudio de la parte del mundo que se puede medir y predecir, nos presenta una realidad que “se deja” describir en términos de materia y energía, sometidas a determinadas leyes especiales (leyes de Newton sobre el movimiento, por ejemplo), y a algunas leyes generales (que, por su alcance y su imprecisión, son más bien principios filosóficos); entre éstas últimas, el principio de causalidad:

a) Todo fenómeno tiene una causa, y

b) Conocidas todas las causas de un fenómeno, éste se puede predecir.

Ni unas ni otras son “verdaderas”, en el sentido popular de la palabra: tanto la predicción de un fenómeno concreto como la validez de la regularidad de la Naturaleza son confirmadas provisionalmente cada vez que las ponemos a prueba, pero ninguna cantidad de pruebas favorables nos puede garantizar, en pura lógica, que la próxima prueba será también favorable (problema tradicional del razonamiento inductivo, por contraposición al deductivo). Fundamentalmente, porque se puede descubrir otra explicación más precisa. [1]

Sí sirven, en cambio, para acercarnos progresivamente al entendimiento de la realidad (“pescar con una red cada vez más fina”); además, los principios generales de la investigación científica expresan una concepción del mundo que tiene consecuencias también para la ética y la política (como veremos, quizá, más adelante): la intención de buscar sistemáticamente la explicación más simple posible (aunque a veces no lo parezca), presupone que el Universo es comprensible y que nuestra “obligación” es comprenderlo para “usarlo” mejor (estos son principios que vienen de la misma filosofía que inspiró la Revolución Francesa, por ejemplo).[2]

2. Por otra parte, los fenómenos más específicamente humanos, es decir, la libertad y la conciencia de sí mismo, no se dejan explicar científicamente: la  existencia de la libertad humana (ese último reducto donde podemos decidir, a pesar de todos los condicionantes) contradice la ley de la causalidad; y la conciencia de sí mismo postula permanentemente la existencia de algo que no puede ser objeto de conocimiento (por definición, todo lo que conozco está “puesto” como objeto, delante de mí).[3]

3. Por tanto, podemos concluir provisionalmente que existe una parte del ser humano que “escaparía” a las leyes de la Física. En capítulos sucesivos analizaremos:

I. La relación de esta parte impredecible con la identidad y la personalidad.

II. Algunas posibles consecuencias de la libertad desde el punto de vista de la psicología.

El tratamiento que daremos a estas dos cuestiones es independiente (ni favorable ni contrario) a cualquier tipo de creencia: la filosofía no necesita de la religión para explorar estos interrogantes hasta donde sea racionalmente posible, y tampoco excluye explicaciones de otro tipo, que vayan más allá de lo que la ciencia es capaz de describir. Suelo decir, en la clase inaugural, que la filosofía existe porque hay preguntas que son al mismo tiempo “inevitables” e “insolubles”. Si fuéramos capaces de eliminar lo primero, seríamos bastante insensibles; si lo segundo, seríamos unos fanáticos: tendríamos todas las respuestas.

Por último: ¿qué pinta aquí la psicología? De alguna manera, “completa” a la filosofía en lo que se refiere al comportamiento y/o el pensamiento. Pero mucho más importante es su capacidad para enseñarnos a controlar emociones y comportamientos que nos perjudican.[4]

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NOTAS:

[1] Roberto Gómez López, EVOLUCIÓN CIENTÍFICA Y METODOLÓGICA DE LA ECONOMÍA, cap. 2.4.4., El falsacionismo de Popper. (en “Enciclopedia y Biblioteca Virtual de las Ciencias Sociales, Económicas y Jurídicas). Véase también Wikipedia, artículo Karl Popper.

[2] Sobre la filosofía de la Ilustración, en relación con la búsqueda de la felicidad a través del conocimiento, véase el artículo “Características generales de la Ilustración”, en la página de la Sociedad Andaluza de Educación Matemática Thales”.

[3] Sobre la relación (u oposición) entre libertad personal y causalidad, véase el artículo correspondiente en la página del “Diccionario Filosófico” de Pelayo García Sierra, revisado por el controvertido filósofo asturiano Gustavo Bueno.

[4] Existe un enfoque de la terapia psicológica como “descubrimiento” de los pensamientos erróneos (en lugar de intentar actuar directamente sobre los sentimientos, lo cual es como intentar apagar un incendio con gas butano). Las investigaciones clínicas llevan a la conclusión bastante probable de que existe un catálogo común de “errores cognitivos”. Descubrirlos y refutarlos (demostrarnos a nosotros mismos su falsedad) es un primer paso para “desbloquear” conductas indeseables (entendiendo aquí por indeseables “perjudiciales para uno mismo”). Este enfoque es llamado “Terapia Cognitivo Conductual”, o también “Terapia Racional Emotiva”. Como es habitual, proliferan las escuelas, institutos y páginas web, sobre todo en Argentina, pero esto no invalida la eficacia de la terapia, ni la validez de su aproximación a los problemas, basada, entre otras cosas, en los planteamientos de los filósofos estoicos, como Séneca y Marco Aurelio. Para empezar, se puede visitar la página del Centro Argentino (¡!) de Terapia cognitiva.

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